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constancia irregular de la rutina narrativa

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    Y un día, al abrirse un candado de desidia, empezaron a aparecer a la vuelta de casa retazos invaluables de la historia del barrio. Nosotros mismos, nos cruzamos tanto tiempo en la calle, a diario, con los protagonistas de un pasado dorado de la vida social de la que somos hijos y nietos; pasábamos delante de un  sentimental monstruo dormido en el corazón del montón de edificaciones domésticas que le fueron brotando a la zona que también nos gritan por donde se va a la esencia. 
    No lo supimos ver. Hasta ahora. 




    Porque además del candado había una cerradura intangible que nos impedía atender ciertas cuestiones.
    Entonces a la par del descubrimiento vino la necesidad de reivindicación, el intento de recomposición y la búsqueda de conservación material -trofeos opacados por décadas de desmemoria; documentos deteriorados en su calidad técnica pero nunca en lo afectivo; elementos deportivos en largo desuso; utensilios de cocina que no recuerdan más aromas ni sabores, libros y cuanta cosa remita al ayer colectivo de esta parte del mundo.


    Y el rastro de tanto ir para atrás llevó a un inolvidable encuentro hacia adelante. 
    Fue un poco como presenciar el feliz derrumbe de las dificultades que impedía reciclar un viejo romance, tantos años después. Tiene que ver con el Club El Torito y el barrio Alberdi -de la vía para acá, adonde todavía hay cunetas, menor disponibilidad monetaria y, por ello, mayor sensibilidad y esperanza, dicen.

    El segundo domingo de octubre, después de reconocerse en la memoria y las ganas, volvieron a mirarse con cariño.
    Más de 200 personas desbordaron el flamante salón de fiestas para entrarle a un contundente arroz con menudo seguido de un excelso pollo a la parrilla bien regado con suficiente vino tres cuarto y rematado con las consabidas casatas, como recomienda el manual de la buena comilona popular.
    Amenizó la jornada festiva un cantor de tango para transformar el colmado salón, tablones y caballetes desmontados mediante, en una pista de baile sin premeditación y con alevosía, para terminar en una peña con guitarras y acordeón que volvieron noche a la sobremesa.
    La excusa fue la celebración de los 74 años de El Torito, un club de bochas que ya no tiene cancha de bochas y que acorralado por el olvido casi ya no tuvo nada.


    Es una historia mínima pero honda y universal. Un botón de muestra de lo que pasa en muchos lados.  ç
    El contexto es el de un club de barrio de dimensiones y gloria social enormes al que se le fue apagando el esplendor hasta casi desaparecer del mapa. Por eso la doble alegría.
    Atrincherado en el reducto final de un buffet ensombrecido -hoy también recuperado-, desde sus mesas inveteradas nació lo que se pretende una refundación. A propósito de la apuesta de un grupo muy reducido de socios decididos a torcer ese destino, emulando a los fundadores que empezaron este relato el 8 de octubre de 1938 en terrenos de nadie cuyas coordenadas pertenecían entonces más al campo que a la ciudad.

    Como apenas una mirada a aquéllos, éstos y los días que vendrán, surgió la idea de hacer lugar a un registro de todo lo que tiene que ver con El Torito. De los comienzos de este relevamiento inicial -testimonios de los mayores, fotografías, documentos, trofeos recuperados del abandono, entre otras cosas- éste podría ser el resumen de todo lo que fue, lo que está siendo y lo que espera adelante.
    Se pensó en un libro pero el formato es lo de menos.
    Como sea, a esta historia hay que contarla. Y estamos en eso.




            





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  • 10/29/12--08:28: ¡UN APLAUSO PARA EL ASADOR!


  • Escribe: Joaquín Castellanos

    Fotos: Leo Vincenti 
      V&R Editoras

    En una aparte del bar del hotel ya están dispuestos en la mesa los individuales, los cubiertos y esa atmósfera casi palpable de aromas que gritan que es la hora del almuerzo. Por un ventanal se lo ve en la terraza, levemente recostado en un sillón blanco: la mirada gris le subraya el sombrero panamá por el que a los lados se le escapa una melena entrecana de poeta; lo abraza una chalina con un motivo floreado; trae una chaqueta marrón y sutil sobre una camisa a rayas rosada, jean y zapatillas. Es el inconfundible estilo de Francis Mallmann.


    _ La cocina se transformó hace ya unos años en un género televisivo. Su carrera su fue desarrollando a la par de ese fenómeno, ¿cómo ve ese recorrido y qué piensa de la cocina televisada?
    _ Este año creo que cumplo 31 años de televisión… y la televisión ha sido para mí una herramienta muy importante para poder contar qué es lo que me gusta, cómo cocino, experiencias, historias. Hay que pensar que la cocina tiene mucho que ver con el arte, con la cultura, con la música… y para mí a lo largo de todos estos años ha sido un espacio muy importante para poder desarrollarme y mostrar lo que hago.

    Su visita a Rosario tiene que ver con la presentación de su nuevo libro. Se llama "Tierra de Fuegos” (V&R Editoras, 2012) y ya vendió más de 60 mil ejemplares. Es una especie de continuación del best seller “Siete Fuegos” (2010) -premiado como el Mejor Libro de Parrilla del Mundo, publicado en español, en inglés y en portugués-, un compendio de recetas en siete técnicas que resume el fortuito giro que el chef dio a su particular modo de cocinar y entender la cocina. 

    “Yo tengo una formación clásica francesa; trabajé y me formé allá, pero fue más de grande, cuando tenía 40 años, que empecé a buscar una voz propia y me di cuenta que tenía como un residuo o algo adentro mío, de mi niñez en la Patagonia. Algo muy fuerte relacionado con el fuego, y ahí comencé a investigar no sólo la cocina patagónica sino la cocina argentina en general, tanto del norte como de la Mesopotamia, y de las pampas, y la cocina cuyana… Y empecé a rescatar estas tendencias que uso en mis libros que son estas siete técnicas de fuego que me encantan”, explica Mallmann.

      Ese cambio de rumbo potenció no sólo su prestigio sino su popularidad. Desde su regreso a la televisión en 2006, el cocinero sorprendió tras siete años de ausencia en la pantalla. Ya no era aquel típico chef de impecable chaqueta cruzada con repasador impoluto al cinto, confundido entre los objetos de un decorado minimalista. Era ahora un bon vivant irreverente al que el set y la cocina le habían quedado chicos; un cocinero como los de la vida real que necesitaba de la intemperie para que la televisión atrapara su arte y ya no al revés.



    LA IRREVERENCIA, ESE CONDIMENTO

    El subtítulo del nuevo libro es “mi cocina irreverente”. Y es más que justificado. Mallmann se caracteriza por haberse inventado y reinventado a sí mismo, siempre desde un mandato de desobediencia e informalidad pero también con rigor: “ante todo, la libertad”, dice.

    Reconoce que fue esa búsqueda permanente de placer y bienestar lo que lo llevó en principio a comunicar su pasión por cocinar y, luego, su paso de aquella cocina “sofisticada y arrogante” a “la simplicidad de las cosas nobles y muy nuestras” elaboradas en escenarios naturales. 


    _ ¿Cuándo descubrió que la cocina era lo suyo?

    _ Mi primer restaurant lo abrí cuando tenía 18 años en Bariloche con algunas herramientas e ideas medio familiares como recetas… Después de unos años me di cuenta que la aquello realmente me gustaba mucho y me fui a vivir a Francia que en ese momento era un poco La Meca de la cocina del mundo, y me pasé varios años allá, trabajando con muchos de los buenos cocineros de la época y así empecé a formarme.

    _ Y hasta ese momento ¿quién era ese muchacho de 18 años que puso aquel restaurante?

    _ Yo venía de vivir un tiempo en California. Me gustaba mucho la música, el movimiento hippie… Elegí la libertad como principal camino de mi vida, en esa libertad veía un espacio importante para hacer cosas. No sé si me imaginaba a los 18 a lo que iba a llegar. Sí creo que uno de los referentes fue la música de los 60 que me influyó mucho, y bueno, ellos también eligieron esa libertad, esa irreverencia con la vida, con todo lo establecido”, cuenta.

    En la introducción a “Tierra de Fuegos” hay señales inequívocas: “mis pantalones rosados con rayas y mi camisa de flores estaban en la misma silla que el saco y la corbata bordeaux de felpa del colegio. Pero mi uniforme era el otro: el que se asentaba en mi alma de acordes, en los pelos largos y las botas. Los Beatles, la Era de Acuario, Jimi Hendrix, Black Sabbath, Bob Dylan con su guitarrita, bramando en sangres poesías y protesta con Joan Báez”, escribe.

    El fuego no sólo es esa lengua anaranjada que cuece los alimentos.



    Con la formación técnica o académica sola no alcanza, parece decir. Hay que buscar también siempre ese otro aprendizaje apasionado del que ninguna escuela garantiza la enseñanza.

    Creo que en la vida existen muchos caminos para hacer cosas, y a veces se hace tanto hincapié en que el único camino es el estudio y la escuela y las universidades… Y yo creo que sí, es muy bueno estudiar, es algo que les aconsejo a todos, a mis hijos también. Pero creo que puede haber otros caminos en la vida más autodidactas para encontrar una forma de sostenerse, de trabajar y de hacer cosas lindas. Las reglas sobre cómo debemos formarnos están escritas en la memoria del tiempo y a veces, al intentar quebrantarlas, podemos encontrar, como encontré yo, un oficio”, señala.





                “A veces cuando un periodista me pregunta: ¿y por qué el fuego?, cierro los ojos y pasa por mi memoria aquella niñez de faldeos, lagos, nieves y soles que acunaron mi alma entre los distantes abrazos de quienes derramaban el fecundo y hermoso sentir montañés”, escribió Mallmann.

    En la memoria sentimental del cocinero hay una vara de ñire que revuelve una olla de 100 litros con tallarines para una legión de veinte hambres voraces en pleno campamento. Son ingredientes que no figuran en la receta, pero están.



    (Este post es parte de la nota publicada en el número aniversario de la revista Rosario Express que a partir del 7 de noviembre estará en los kioskos)

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    Escribe: Joaquín Castellanos

    Fotos: Leonardo Vincenti


    “A veces hay cosas que creemos porque nos dicen que hay que creer pero no somos capaces de creérnoslas…”, enuncia. Lo curioso es que buena parte de lo dicho hasta ese momento parece más un sermón que la ponencia de un pensador. En el escenario no hay demasiado ornamento y eso es un indicio. Nada de pompas ni liturgia alguna. Sólo ese hombre, apenas encorvado en una silla, que se arrima al micrófono y habla.

    “¿Qué madre hay aquí que cuando da a luz a un niñito o a una niñita comprende que le digan que su dios no le quiere todavía porque no es aún un hijo o hija de Dios, porque está en pecado? ¿Hay alguien que sea capaz de pensar así?”, retumba la voz que sopla eses, ces y zetas correctamente diferenciadas. 

    Apenas un puñado de personas lo escuchan en silencio. 

    “Todos somos teólogos. Todos tenemos derecho a pensar. Todos…”, insiste, y prosigue: “Si estás bautizado y eres una persona ya consciente, más o menos adulta, tienes que pensar tu Fe. Lo fundamental de la Fe. Y no tener nunca miedo a hacer preguntas, a sacar conclusiones, a plantear nuestras dudas, a buscar nuestras soluciones con la cabeza. Así se evitarían muchas tonterías…”

    Se llama Andrés Torres Queiruga y es un teólogo muy particular. Ha despertado la polémica hacia dentro y fuera de la Iglesia católica: para los más conservadores es lisa y llanamente “un hereje”, mientras que para los creyentes desilusionados con las políticas eclesiásticas es una oportunidad para “el cambio inevitable” hacia una institución moderna más abierta y más clara.



    CREDO POSITIVO
    Su mirada de la Fe es diferente y no es el único que así lo ve. En todo caso, pareciera que le pone voz a una sensación colectiva que por desilusión de las herméticas posturas religiosas que se alejan sin pudor del mundo actual, va prefiriendo cada vez más un credo personal y sin intermediarios.

    Su enfoque tiene rasgos irrefutables: el sentido común participa de la reflexión, el credo no choca con la realidad sino que la contempla, participa y se busca en ella.

    Y algo más: se despoja de lo negativo para construir. No hay castigo, no hay culpas, no debe haber miedo. Hay responsabilidad, misión de amor, necesidad de hacer el bien.
    "Torres Queiruga está haciendo una obra extraordinaria porque está repensando toda la teología –explica el biblista Ariel Álvarez Valdés, responsable de la llegada del especialista al país. 
    “Él parte de un principio del que todos nos damos cuenta, y es que nuestra forma de entender la religión y entender a Dios, hoy es obsoleta. Hay muchas cosas que ya no deberían decirse como se dicen, entonces él está repensando todos los temas: la Creación, la Resurrección… Y bueno, toda persona que va abriendo caminos nuevos en la Iglesia no es bien vista por la jerarquía, y eso ha pasado en Rosario”, sostiene el organizador.


    OTRAS VOCES, 
    OTROS ÁMBITOS

    Hasta veinte días antes de la charla, se anunciaba en algunos sitios web religiosos que “el renombrado teólogo español” daría una conferencia “en el Salón de Actos del Colegio Ntra. Sra. del Rosario – Hnos. Maristas”, de Oroño 770, por invitación de la Fundación para el Diálogo entre la Ciencia y la Fe, de Álvarez Valdés. Pero un día, todo quedó en la nada.
    Fechada el 28 de septiembre, una nota de prensa del Arzobispado de Rosario irrumpía con la fuerza de un mandamiento para suspender la actividad: “Monseñor José Luis Mollaghan comunica que dicha entidad civil no tiene ninguna autorización para organizar cursos o promover conferencias acerca de la Doctrina católica en un colegio o en una institución católica de la Arquidiócesis”, alegaba  el comunicado, informando sobre las diferencias entre la Doctrina de la Iglesia y el escritor español, y dando cuenta de la debida advertencia hecha a las autoridades de la escuela y de la orden en el país.
    En su momento, el propio afectado lo supo resumir magistralmente: “No me cuestionan por lo que digo sino por decirlo”.


    “Teniendo en cuenta la Notificación de la Conferencia Episcopal Española (30.III.2012), y en particular de la Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe, sobre los escritos y tesis del Profesor Andrés Torres Queiruga, el Arzobispado de Rosario no aprueba ni autoriza que el referido profesor dicte conferencias sobre la doctrina católica en la sede de un colegio o institución católica; dado que sus enseñanzas no siempre son compatibles con la interpretación auténtica que ha dado la Iglesia a la Palabra de Dios escrita y transmitida", agregaba la nota de la curia local.
    Luego de conocida la noticia de la desautorización en Rosario, el propio teólogo se ocuparía de echar luz en el asunto desde Santiago de Compostela, España, ya que la noticia –aunque sin hacer demasiado ruido– había dado la vuelta al mundo.

    “Alguien denunció desde aquí (España), desde esas cloacas internéticas, siempre sementando odio e invocando el nombre de Dios; y un obispo que desconoce de todo esto, prohibió el local, contra el parecer de los maristas. La conferencia se realizará en otro lugar”, declaraba el filósofo en cuestión al periódico La Voz de Galicia. 
    El miércoles 17 de octubre, en pleno Empalme Graneros, el auditorio del Centro Municipal de Distrito Noroeste de Provincias Unidas y Junín recibió al filósofo católico y a un grupo de interesados en escuchar su singular enfoque teológico.
                Los pibes que jugaban a la pelota adelante del edificio creyeron que adentro había un acto político. No le erraron tanto.

    La conferencia se tituló “Cómo repensar la creación de Dios”.



    RELIGIÓN “DESTEMPLADA”

                Además de la charla en Rosario, fuera de jurisdicción episcopal, en una misma semana Torres Queiruga dio otras cuatro conferencias en el país: dos en Buenos Aires (una en un colegio religioso de La Salle, con el tácito “permiso” del Cardenal Bergoglio, “conocedor de que no pesa condena alguna contra el cuestionado teólogo ni su obra”, según fuentes porteñas), y dos en Santiago del Estero (ambas en un reconocido hotel, por estar “desautorizado” por la Iglesia también en esa provincia).

                En un aparte con este cronista –aparte de la concurrencia, porque la cobertura periodística de su visita se limitó a un par de cronistas: apenas un servidor y un colega de un semanario local–, Torres Queiruga se mostró cauto y hasta acostumbrado a esta especie de proscripción a medias que padece desde hace ya algunos años, aunque acentuado en febrero con la Notificación que lo aleja de espacios católicos para exponer sus ideas.  


                ¿Qué siente por estar hablando en este lugar, fuera del ámbito religioso propuesto inicialmente y que la Iglesia local le negó?

                Lo tomo con mucha calma. Por eso mismo comprendo que las mentalidades son distintas aunque me parezca que no sea esto lo correcto. Como puedo seguir hablando, puedo seguir anunciando el evangelio y hacer teología, que es mi vocación… ya no sé hacer otra cosa. Procuro centrarme en lo que debo hacer y lo otro mantenerlo muy en la sombra, muy de lado. No quiero parecer una persona amargada y agresiva. A mí me gusta construir en paz y con tolerancia.

                – ¿Le preocupa la falta de diálogo alrededor de la Fe?

                – Es que la diferencia no está en la Fe, está en las interpretaciones. No toda interpretación es legítima, pero una pluralidad de interpretaciones es legítima e inevitable. Aunque quisieran, no todos los teólogos pueden ponerse de acuerdo en la explicación de la Fe. Una cosa es creer en la Resurrección como yo creo con todo mí ser, y otra es el modo de explicarla. Hay distintas opiniones, y puede haber alguna que se salga… pero eso forma parte también de la esencia de la Iglesia desde el comienzo. Los cuatro evangelios tienen cuatro teologías distintas. San Pablo es distinto de Santiago, y San Juan es distinto de los Sinópticos, gracias a Dios. Porque esa es la riqueza plural de la Iglesia que hace una sintonía siempre que la mantengamos dentro del respeto y de la búsqueda de la comunión en lo profundo. Como decía San Agustín: La libertad hace lo que es discutible.




    PENSAR PARA CREER

    Cuando termine la conferencia habrá espacio para lo que generalmente se conoce como “preguntas del público”. Será un rato largo –más aún que la  disertación del especialista–; casi una hora de charla con especial participación de los que fueron a ver al teólogo. 

    “¿Qué piensa del Infierno?”, preguntará tímidamente un muchacho desde su butaca en el centro del auditorio.

    “¿Y qué piensas tú?”, lo invitará Torres Queiruga. “Empieza a discurrir desde el Dios que nos está creando por amor… Haz aquí teología…”, agregará. 
    El joven va a ensayar una explicación personal apretada por los nervios. El escenario pasará a segundo plano y todas las miradas irán sobre el muchacho, rodeado de personas que lo oyen atentamente reflexionar en voz alta.

    Algo poco visto en ámbitos religiosos. Algo que acaso explique en parte cuáles puertas y por qué, se cierran a este tipo de charlas. 


    :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::(Este post es parte de la nota publicada en el número aniversario 
    de la revista Rosario Express que a partir del 7 de noviembre estará en los kioskos)
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  • 11/09/12--12:40: FONTANARROSA CONTRAATACA

  • Escribe: Joaquín Castellanos

    Fotos: Sebastián Granata


    “Llegaban de todas partes. Como un malón enceguecido por la furia de cinco años de espera, una nutrida columna de reprimidos lectores dejó calle Corrientes para tomar por peatonal Córdoba en dirección a Ross. Desde el otro lado, con un entusiasmo menos exteriorizado pero con similares ansias, otra horda igualmente vengadora avanzaba a paso firme hacia la librería céntrica permitiéndose las pausas suficientes para el avistaje de algunas minas. No dejaron ni que el empleado más puntual metiera la llave en la cerradura: ordenadamente hicieron estallar la vidriera y a los tirones se fueron quedando con los libros.

    “Algunos rezagados lloraban con las manos vacías a la par de los curiosos desconcertados que se iban arrimando al quilombo para ver si por lo menos podían ver algún herido. 

    “ – En HomoSapiens todavía quedaban algunos…”, recomendaba uno que cargaba celosamente un ejemplar de El Área 18, otro de No sé si he sido claro, y medio de La mesa de los galanes”.

    Nos hubiera gustado que fuera así. Pero el 22 de octubre de 2012, cuando finalmente Fontanarrosa tuvo luz verde para regresar a los anaqueles, la ciudad lo recibió tibiamente. En parte, acaso fuera por esa doble ausencia que marcó la partida: su desaparición física y la de su obra, rehén de un conflicto judicial entre sus herederos.  



    FONTANARROSA VUELVE
                Compartiendo escaparate con éxitos comerciales de autoayuda y biografías faranduleras, los cinco primeros títulos de la obra del Negro que reeditó Editorial Planeta aparecieron una mañana detrás del vidrio, mirando hacia la calle.

                Pese al anuncio propalado por los noticieros, a muchos los sorprendió que ya estuvieran a la venta esos libros que se fueron volviendo inconseguibles.

                “La gente se desacostumbró. Han preguntado tanto acá por los libros de Fontanarrosa y los hemos bochado tanto, que ahora no digo que no se acuerden, pero es como que se calmó mucho, demasiado se calmó la cosa…”, explicó un empleado de El Cairo, donde también se venden los reaparecidos cuentos y novelas del autor rosarino.

    Aunque Rosario era prioridad, desde la editorial no mandaron la cantidad prometida porque no alcanzó para repartir en todo el país por la demanda que recibieron de los comerciantes del rubro. En apenas dos de las principales librerías locales, tras los anuncios previos en redes sociales y medios convencionales, y de promociones especiales, sólo el primer día del mentado regreso se vendieron más de 50 ejemplares de cada uno de los cinco títulos, aunque también se registraron más de 40 reservas solicitadas.

    “El Negro se fue en su mejor momento. Lo del Congreso de la Lengua fue muy importante, como todos los reconocimientos que vinieron después en organismos públicos y privados. En sus últimos años, su obra llegó a estar en las cabeceras de las mesas de las librerías no sólo del país, sino de Latinoamérica y de España”, dice el empresario editorial Perico Pérez.

    Pero esa consagración, a diferencia de la mayoría de los casos en donde la muerte vende discos, películas y libros por sí misma, no prosperó para Fontanarrosa por desavenencias entre sus deudos, quienes recrudecieron sus desencuentros cuando el autor ya no estaba sino apenas en sus dibujos, sus cuentos y sus novelas.   


    ESCRITO POR LOS HEREDEROS

    Como si se tratara de una novela póstuma, lejos de ser otra pieza cómica, sutil y costumbrista, Fontanarrosa legó al público una historia deslucida que se ambienta en Tribunales, en donde en vez de ocurrencias e ironía hay enfrentamientos y demandas que, ya sabemos, no hacen reír a nadie.

    La escriben sus herederos, sus amigos y el entorno.

    Desde que la viuda y el hijo del humorista llevaron el caso a la Justicia hace cuatro años, nadie tiene rostro ni nombre. Todos aportan indicios y despistes, chismes y datos judiciales, certezas y elucubraciones.

    “Parece una película. Si uno se fija un poco, empieza a aparecer quién es quién en esta historia. Quién va para un lado y quién va para el otro”, advierte sin demasiado detalle alguien que frecuentó mucho al extinto escritor y que se declara cansado del asunto, pero feliz de ver los libros otra vez en la calle.

    El conflicto late desde el 22 de noviembre de 2006, cuando Franco Fontanarrosa obtuvo la cesión de derechos de autor de su padre, lo que lo transformó en único dueño de “la propiedad intelectual sobre todas las obras literarias y artísticas que se encuentren publicadas hasta 2002, (año en que inició la nueva relación de pareja del autor)”. De ese año en adelante, el muchacho seguiría siendo el titular de la obra pero con el reconocimiento de regalías por la venta de los libros a favor de Gabriela Mahy, segunda esposa de Fontanarrosa, además de otros beneficios como el reconocimiento del 100 % de la titularidad de dominio del departamento de avenida Wheelwright, que ocupó la pareja hasta el fallecimiento del Negro.

    Los tres firmaron ese documento dos días antes de la boda en un hotel porteño ante un abogado, para luego ratificarlo ante escribano público.

    Pero tiempo después, hacia 2007, surgiría un inconveniente: ante la posibilidad de un trabajo ofrecido al dibujante para participar de la película animada Martín Fierro, el propio autor le debe pedir autorización a Franco para firmar contrato sin problemas. A través de una adenda, se da el usufructo de los bienes para que su padre acceda a los derechos ya cedidos bajo la figura de usufructo. La operación se hace sin dificultades; sin embargo, el abogado de Mahy sostiene que hay que nulificar la cesión de derecho realizada, y se empieza a insistir a Fontanarrosa para que firme un nuevo documento. En principio, conmovido por lo que le señalan, el escritor parece ceder preocupado a replantear la situación pero termina por dejar todo como estaba.

    “El Negro vivía por el hijo y ya sabía lo que estaba pasando”, dice uno de los personajes de los cuentos en su versión de carne y hueso, indignado con lo que lee en los diarios. “Una semana antes de morir, le estaban aplicando células madre en el sanatorio Americano y le seguían insistiendo para que firme”, señala.

    A pesar de todo, Fontanarrosa murió sin firmar nada.

    Ése es el núcleo del litigio: el motivo principal de la disputa entre viuda e hijo. Aunque vendría mucho más.

    LLUVIA DE DEMANDAS

    A la semana siguiente de la muerte del creador de Inodoro Pereyra, Mahy inicia la sucesión y se declara “administradora judicial” de dicho trámite.

    Después, la viuda demanda ante el Juzgado Civil y Comercial Nº 12 al hijo del escritor por 303 mil pesos, aduciendo que el joven se había quedado “con todo el acervo cultural bajo presión, por los próximos 70 años, tal como establece la ley 11.723”. El planteo cuestiona la legalidad del documento firmado en 2006 y Franco decide no renovar contrato con Ediciones De la Flor, casa que publicó toda la obra de Fontanarrosa desde 1974. Desde noviembre de 2007, los libros ya no se reimprimen, pero la editorial sigue comercializándolos hasta mayo de 2008.

    El vencimiento de los contratos que Fontanarrosa firmó con su histórica editorial,  impidió que se reimprimieran los 75 títulos que formaban parte de su obra, aunque las regalías por las ventas de los libros desde 2008 –los que quedaron en el mercado tras su muerte– alcanza los 350 mil pesos, y están en un depósito judicial hasta que la Justicia decida la situación de los herederos.

    Por esa razón, Mahy denuncia una vez más que ese parate de ediciones de la obra "produce un daño económico disminuyendo el valor de la obra, y privándola de las regalías que le corresponden por haber sido su esposa".

    El caso Fontanarrosa ya es una bola de nieve judicial que no va a terminar ahí. El primer intento de acercamiento de posiciones fue en noviembre de 2011, sin buenos resultados y con un pase a cuarto intermedio hasta seis meses después.

    En abril de este año, poco antes de la llegada de una nueva audiencia, en medio de la controversia, Daniel Divinsky, el editor histórico de Fontanarrosa, decide lanzar Negar todo, el libro póstumo de cuentos de Fontanarrosa pero desconociendo a Franco como custodio de la obra de su padre, y acordando con la viuda para llevar adelante la publicación.

    Una nueva medida judicial del hijo congela la salida del libro inédito por lo que dos nuevas demandas caen sobre él: una del editor y otra más de Mahy.

    En medio de la lluvia de denuncias cruzadas, el juez Fabián Bellicia llamó entonces a conciliación y suspendió todos los procesos, con un pedido principal: “que la obra se publique”. Una vez más no hubo acuerdo, pero en algo parece haber avances.


    EL REGRESO ESPERADO

    Esta vez, sin la existencia de pacto explícito alguno, las posiciones se encontraron bastante, aunque no sea en la cuestión de fondo.  

    “En este momento –decía hace seis meses Soledad Álvarez, abogada de Mahy, en declaraciones periodísticas–, no hay ningún impedimento legal que prohíba que la obra esté en la calle. Eso obedece a la exclusiva voluntad de Franco Fontanarrosa, porque la titularidad formal la tiene él”.

    Por eso la noticia del contrato con Planeta es una buena nueva para los lectores pero, en parte, también lo es para los herederos.


    “Franco, con el derecho de publicar y todo, se negaba a hacerlo porque no quería que la gente pensara que quería ganar guita –aseveran desde el entorno del hijo del escritor–; cinco años se cagó de hambre. No hubo acuerdo pero Franco decidió publicar pese a un contrasentido que viene padeciendo: si publica algo –en 2007 acordó con Illusion Studios para la realización de la película de animación de Boogie, el aceitoso– y ella (Mahy) le metió una demanda, y si no publica nada, le mete demanda por daños y perjuicios porque le impedía cobrar regalías”, dicen.

    Finalmente, dijo basta. Fontanarrosa vuelve a las librerías.

    Sin más vueltas, Franco se metió en Editorial Planeta y estuvo trabajando a la par de los editores para sacar “un perfil y unas características estéticas extraordinarias”, aseguran, y a su modo lo atestiguan los libros ya apilados para la venta. También acudió a grandes artistas para los diseños de portada.

    Dicen que ya no le importa tanto lo que se preveía: esta decisión le trajo una nueva demanda judicial.

    “Está en estado de hipnosis, dice que no puede pensar en otra cosa. Siente que cumplió con su viejo y que lo demás no le importa nada”, señalan.

                “No hay resolución judicial todavía. No hubo acuerdo y aparentemente las partes actúan según lo que consideran tener derecho”, explicó el juez de la causa.

                El placer de leer a Fontanarrosa y reírse solo, por ejemplo, arriba del colectivo y corromper la paz y la amargura del transporte urbano de pasajeros, no tiene representante legal pero ha triunfado. Así como ganó un poco también el Negro y sus sencillas pretensiones: “No aspiro al Nobel de Literatura. Me doy por muy bien pagado con que alguien se me acerque y me diga: me cagué de risa con tu libro”.




     Negar todo
    Los días con y sin Fontanarrosa fueron desdibujando a la célebre Mesa de los Galanes de El Cairo. Si la vida se ocupó de esa tarea, el litigio por las pilchas del queridísimo difunto también hizo lo suyo. Acaso heridos porque los herederos eligieron otro tribunal y no a ellos para resolver las diferencias, muchos integrantes de aquella mítica secta de café pasaron a la clandestinidad.

                Por eso tal vez, más de uno se exasperó al leer en los diarios las vergonzosas declaraciones dolidas e hirientes de Divinsky sobre el hijo escritor: “Obviamente, no pudo obligar a su hijo a seguir su decisión: los talentos y los afectos no se heredan”, soltó el editor.

                El hervor de la sangre de algunos los llevó a preguntarle a Franco si no le pensaba responder, pero éste, parco y de perfil bajo, fiel al estilo fontanarrósico, acaso desmintiendo desde el silencio al disgustado dueño de Ediciones de la Flor, optó por no decir nada hasta tanto la Justicia se expida.

    “Es cierto que Divinsky fue el editor histórico de Fontanarrosa, como es real lo de la amistad más allá de lo laboral. Pero también es cierto que Divinsky era un pícaro bárbaro y que cuando falleció el Negro, al enterarse de la sucesión en trámite, el editor va crudo a la viuda y entabla una negociación directa con ella”, comenta uno de los que pretende empatar con sus declaraciones “el despropósito de los que escuchan solamente la campana que más ruido hace”.

    El hecho figura en la causa: Mahy firmó el 27 de febrero de 2008 como “administradora judicial de la sucesión” un acuerdo con Ediciones de La Flor para la publicación del inédito Negar Todo, una veintena de cuentos que en el marco de las controversias y las sospechas, algunos hasta se animan a poner en duda la autoría de Fontanarrosa.

                “Son veinte cuentos que me mandó por mail tres días antes de morir. Tres, me dijo él, estaban listos: el resto necesitaba un pulido”, publica el diario porteño La Mañana que aseguró Divinsky.

                “Franco debe impedir que se atribuya a su padre obras que eventualmente puedan ser de terceros, por el solo hecho de vender y ganar dinero”, rezan los abogados del hijo.

    Hasta ahora, uno de los privilegiados en poder asomarse al texto es el juez que lo incorporó a la causa por el litigio. Los que saben dicen que es lo más desopilante de ése y otros expedientes.




    ::: Este post es parte de la nota publicada en el número aniversario de la revista Rosario Express :::

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    Foto: Rosario/12
    Este fin de semana a los 50 años de edad murió la doctora Débora Ferrandini, ex secretaria de Salud de la provincia durante la gestión de Hermes Binner.
    En 2009 se la vio mucho en los medios por ser la cara visible de las crisis sanitarias de la gripe A y el dengue.
    Por aquellos días, el tema del momento demandaba sus explicaciones aunque no todos las  querían escuchar. Con la ventaja que da la revista mensual por sobre los formatos diarios que corren sin tiempo para pensar, escuché a la entonces viceministra hablar de algo más que pánico y cifras, que era lo que poblaba las noticias.

    Me acuerdo que le dije, inocentemente y como un comentario fuera de micrófono,  “qué momento para ser funcionaria de Salud…”  

    Su respuesta cambió el rumbo de mi nota.

    “No. Este es un momento de algún modo interesante: insume una alta dosis de  energía, de reflexión y de acción combinadas al mismo tiempo. Y pone en la agenda pública problemáticas de salud que son colectivas en su producción y que deberían ser igual en las estrategias para enfrentarlas, aunque confronte con una lógica individual y consumista de la práctica médica, instalada en la sociedad y en los profesionales de la salud.”

    Ella determinó entonces para qué lado iría la charla.

    “La gripe A es una epidemia que viene de la mano de nuestro modo de vida moderna, y vemos que toda medida colectiva que se recomienda desde los ministerios tiene una gran resistencia; y a diferencia del dengue, la gripe A H1N1 viene afectando sectores medios y altos. Por esa clase social entró al país, y acaso por eso ha sido difícil implementar medidas de salud colectivas que la comunidad afectada asumiera responsablemente. Se ve muy minimizada la capacidad social de organizarse para esto”.

    Ese día de lo menos que hablamos fue de aquellas epidemias “de moda”.

    Aborto, adopciones irregulares, la salud pública y privada, entre otros tantos temas. Todo bajo la mirada humanista de una mujer que entendía la medicina como un posible modo de cambiar el mundo.  

    “No puedo dejar de amar la política si me interesa la salud pública –me dijo- porque entiendo que la práctica en salud es una práctica política. Si bien no tolero la política reducida a la disciplina partidaria, y no vengo de la militancia, entiendo que la mía es una práctica esencialmente política. Y entiendo como tal cualquier práctica en salud. Así como también está el médico que responde a la demanda de sus pacientes de estratos sociales altos, porque si no se queda sin clientela. Eso es una política de defensa del mercado como valor. Por lo tanto, está claro que nuestra práctica instituye valores en la sociedad, y eso es una práctica política”.

    Ferrandini no trabajó en otro ámbito de la medicina que no fuera la salud pública.

    Durante una década y media se había desempeñado en el sistema sanitario municipal: dirigió el área de Centros de Salud y estuvo al frente de la Gestión en Atención Primaria, además de enseñar en la UNR. Después llegaría la oportunidad de ocupar un lugar clave en la cartera de Salud provincial.

    “Yo me enamoré de la salud pública al ver las limitaciones que en algún momento de la carrera uno empieza a sentir como un fracaso por lo que son las prácticas individuales. Como médica de guardia descubrí que uno tiene un enorme poder hasta en el modo en que abre la puerta para hacer pasar o no al paciente que espera. Una vez, un director del hospital me dijo: usted tiene la culpa por dejar pasar al paciente… si este hombre no entraba, no tendríamos este problema ahora”.

    Siendo viceministra del socialismo no dudó en salir a defender el “efecto revolucionario” de la Asignación Universal por Hijo, una de las medidas sociales más profundas del gobierno nacional. Eso fue un poco el inicio de una salida anunciada del cargo provincial y el paso necesario para su acercamiento a Carta Abierta, el colectivo intelectual que adhiere al kirchnerismo.

    Era hija de un italiano que llegó a Rosario en la posguerra y de una enfermera que se recibió de cirujana a los 56 años. Esa impronta, me confesó, le sirvió para obtener su título en la Facultad de Medicina de la UNR: “egresé a fuerza de ser hija de inmigrantes, que terminan todo lo que empiezan”, dijo.

    De chica quería ser escritora pero los preceptos sociales le dictaron eso de “hacer algo útil”: en el imaginario familiar, la literatura era algo para disfrutar pero que no daba de comer. Soñaba con que al final de su carrera, “en los días de su jubilación”, decía, la esperaría la poesía.

    En esta hora gris me he tomado el atrevimiento de recordarla en voz alta, sin la menor duda de que su vida ha sido acaso ese poema imposible que tanto añoraba escribir.


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  • 11/12/12--20:05: SOS GARDEL


  • Si algo le faltaba a Carlitos

    para su consagración total

    era un pasado de delitos

    y vida oscura de arrabal.


    Le han hecho bien al mito

    los buchones de la Federal

    y el bocina que lo ha escrito

    como exclusivo material.


    Se jactan del deschave

    y no saben, pobres tipos,

    que no hay nada grave

    en haber andado con hipo.


    Estafa es vender como actual

    un rumor feroz de 100 años.

    La gayola es decorado ideal

    para saberlo hampa de antaño.  


    La mueca intacta, sonríe y lee
    el bronce del morocho cantor:

    la gente se entera y todavía cree

    que cada día canta mejor.




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  • 11/20/12--03:29: LA CANCIÓN INOXIDABLE

  • Y mientras la opresión se las sigue ingeniando para disfrazarse de muchas cosas, el interminable trovador continúa con su arma encordada, con una pata en la silla, solo, debajo de una lucecita que lo baña; acribillando de poesía a los necios. En la oscuridad que lo escolta se presienten cientos, miles, millones de personas: algunos ni siquiera lo escuchan ni saben que ellos mismos viven dentro del ancho ombligo del madero melodioso que antepone entre su persona y el público.
    Paco Ibañez susurra pero no deja de decir con firmeza -gritar nunca, le convido Yupanqui, "porque el que se larga a los gritos no escucha su propio canto". Su canción es una áspera pero dulce gárgara que alivia los pesares contemporáneos: los versos de selectos vates se revuelven en la garganta, tironeados para adentro por su corazón de casi ocho décadas y los oídos predispuestos o casuales que den con su trova.
    Quevedo; Neruda, Alfonsina Storni, Nicolás Guillén y Góngora; Goytisolo, Lorca y Machado; Gabriel Celaya, Atahualpa Yupanqui y él mismo. El escenario que parecía grande, canción tras canción  le va quedando chico.
    Sin complot pero con andar sistematizado, el desencanto suele andar por el mundo cambiando sus caras, su voz, su estrategia. Paco Ibañez es un eterno contrapunto, poesía en mano, un ajedrez ajeno a la revolución tecnológica y los fuegos de artificio: va de negro: camisa, pantalón, zapatos; la melena bohemia deshecha por el eco de su canto. La canción inoxidable persiste en los tiempos en que Verne, Asimov y Bradbury soñaron que seríamos robots. Acaso a quienes asistieron al Parque España rosarino para verlo anoche, hoy les cueste volver al mundo habitual de números, puteada vacía y noticiero. Tal vez les retumbe en el amanecer el rasguido final de cada canción. Y Paco -cien, mil veces en sus mentes de nuevo día-, Paco dé ese característico paso hacia atrás y levante la guitarra como a un trofeo.
    Esa imagen, esa cosquilla o brisa o alarma, será suficiente para mantener el caprichoso equilibrio del universo.     


                                                    Palabras para Julia (José Agustín Goytisolo)

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  • 11/29/12--06:18: PIFIAS
  • Son fuente permanente de consulta para los periodistas que no contamos con la estructura necesaria para cobertura y producción integral de los hechos noticiosos. Igual que nosotros, se rompen los ojos contra el monitor más horas de las recomendables. El caso no es la burla, sino la gracia que genera como lector toparse con este tipo de errores de tipeo que se publican en medio de la vorágine informativa. Es la sonrisa que provoca el cambio de sentido. 


    PIQUETERO Y GOLEADOR
    Se sabe que los reflejos son fundamentales para manejar pero hay situaciones viales en las que se requiere además de cierta destreza bajo los tres palos. El ejemplo es el de este conductor que además de chocar con el auto en el que iba el piquetero, le llenaron la canasta.
    (INFOBAE.COM - 2 DE NOVIEMBRE DE 2012)

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    FÚTBOL TRASNOCHE 
    Que Grondona hace abuso de poder, se sabe. Pero que tenga el desparpajo de mandar a un equipo del interior a jugar a cualquier hora... La televisión manda y los partidos se juegan cada vez más tarde, relegados por la planilla del rating. Además de táctica y concentración, el Tata Martino habría recomendado a sus jugadores hacerse una buena siesta.

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  • 12/03/12--21:45: PAUSA
  • La sucesión de ocupaciones recalienta el bocho y el recreo se vuelve una necesidad imperiosa. En pocos otros sitios he encontrado enredadas en un baile pródigo a la calma y el frenesí, la evocación y la esperanza. En pocos sitios, decía, que no fuera el mar sonoro de un tango tocado por la inconfundible orquesta del Maestro. 

    De yapa, la entereza de un hombre inquebrantable al que la coherencia lo volvió estampita pagana. En vez de apretar las manos frente a ningún altar o imagen sacra, se recomienda soltar bajita la melodia y ofrendarle como única reverencia el cerrar los ojos. Vale marcar apenas el ritmo con la suela, y disfrutar, por sobre todas las cosas. Es opción del escuchante regresar después al mundo cotidiano en el que esperan los papeles del trabajo, las ventanas con nubes y el obstinado latido del reloj que ahora escupe su conteo aunado con el repiquetear de la lluvia.


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    Este domingo 2 de diciembre, el enorme Osvaldo Pugliese hubiera cumplido 108 "pirulos" -como le gustaba decir a él. En medio del glamour y los despilfarros de todas las épocas, sigue apareciendo para siempre con su pasito lerdo hasta llegar al taburete frente al teclado. Lo vemos eternamente en el gesto de arrugar la nariz para sacudir los lentes levemente antes de entrar en trance ahí a un costado del resto de los músicos. Un laburante que para la ocasión le han puesto esmoquin y moño pero que al oirlo se le empiezan a ver las pantuflas de entrecasa, el overol, y el sudor de los que se levantan temprano.  


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  • 12/27/12--05:35: UNA DE INMIGRANTES


  • Escribe: Joaquín Castellanos
    Fotos: Leonardo Vincenti


    Flota en el aire la alegría de una tarantela enredada en el reflexivo violín de un tango al que sacuden una repetición rabiosa de palmas de un tablao flamenco. Es apenas un rincón del predio, a la salida de un baño químico, entre el escenario principal y La Fluvial. Y es también un resumen violento pero eficaz no sólo de lo que es la fiesta más popular de Rosario sino de lo que somos los que vivimos en esta ciudad.

    Acaso por eso, en parte, Colectividades esté orillando las tres décadas y siga adelante, consolidada como una expresión genuina que camina a la par -nobleza obliga- del éxito comercial sin el que no podría haber cumplido ni tres años.

    Como cada noviembre, el Monumento la mira compasivo y acostumbrado. Los autos ya no transitan por ese largo trecho de avenida Belgrano que se volvió  peatonal desde que el sol empezó a amenazar con apagarse y, en compensación, se fueron encendiendo los fuegos de las parrillas y las hornallas de los casi 40 stands. 


    La idea es ir por quienes, más allá del colorido y la algarabía de la celebración, justifican con sus vivencias el perfil del inmigrante que se incorporó a la ciudad para siempre. No es por el lado de la boina con los colores de la bandera, ni por el brillo del  kimono o las trenzas montañesas. No está en la cerveza y el chucrut. Menos en el shawarma fileteado por un muchacho que lleva turbante. Lo pintoresco y la evocación más pura se debaten en cada rincón de la feria. Pero el camino a los verdaderos homenajeados está por otro lado. Las fachadas son bienintencionadas caricaturas que solo quieren exagerar las particularidades para atraer a los paseantes.
    En todos los casos, los reales protagonistas de la fiesta están del segundo plano hacia atrás, perdidos tras bambalinas, paralelos a los trajes típicos, la gastronomía étnica y los fuegos artificiales.

    UNA MATRIOSKA JUNTO AL PARANÁ 


    Como una artista que se prepara para dar su show, Tamara Shmagin está en una barraca cerrada al público porque todavía es temprano. Trae puesta una manta floreada y una muñeca rusa bordada en un delantal. Lo curioso es que aún si no llevara esa indumentaria, si tampoco estuviesen alrededor las antiguas fotos familiares de los primeros cosacos que llegaron a Rosario o no asomaran desde un póster las típicas cúpulas acebolladas de las iglesias ortodoxas moscovitas, bastaría escucharla hablar para arriesgar sobre su procedencia. 

    “Me marido me trajo engañada, me dijo que las vacas andaban por la calle”, dice, remarcando las eres como erres, como en los malos doblajes al castellano de las películas holliwoodenses de la guerra fría.

    Hace más de cuarenta años que llegó a Rosario decidida a acompañar a su marido argentino a quien conoció en Rusia cuando él fue a estudiar allá. La idea era probar, conocer ese lugar exótico del que había escuchado tanto y leído, y que conocía además “por las películas de Lolita Torres”: si le gustaba se podría quedar un poco para ver qué pasaba y si no se volvería a su casa.

    La primera impresión de la ciudad fue de fascinación: llegó en pleno corso, en el ‘71, y no podía creer que fueran las 11 de la noche y hubiese tanta gente en la calle, y que fueran las 3 de la mañana, en el regreso a la casa, y todos siguieran bailando como si nada.

    “Tenía 28 años. Pero ahora tengo 70 y me sigue asombrando todavía ver, por ejemplo, una verdulería en la calle con 50 colores… no lo puedo creer porque allá, con el invierno crudo que dura de seis a ocho meses, eso no se ve…”, explica.

    La primera morada rosarina del matrimonio y su pequeña hija –también nacida en Rusia- fue una vivienda de familiares en Salta e Italia, “una pensión como se acostumbraba entonces”. Hasta que cinco años más tarde pudieron comprar algo propio y “hasta pudimos volver a mi amado país”, cuenta. “Pero ya fuimos sólo de visita. Dicen que el campesino con su terreno y su vaca ya no se va más a ningún otro lado, así que nosotros acá con nuestro techito ya nos quedamos para siempre”, relata.

    El acercamiento a la Biblioteca Cultural Rusa Alejandro Pushkin fue otra historia. A su llegada el sitio no funcionaba y había estado cerrado durante 40 años. “Nos acercamos, buscando siempre paisanos, y encontramos gente de Lituania, y  aparecieron referencias: ‘este creo que es ucraniano’, ‘aquel es bielorruso’. Así nos fuimos juntando”, rememora Tamara, cuyo marido es hoy el presidente de la institución que hace ya 26 años que participa de Colectividades.

    Ahora se levanta el telón de la barraca y la gente puede acercarse a preguntar. La mujer muestra las fotos en blanco y negro de los que llegaron primero, y la hace una aclaración a este cronista: “ellos vinieron en barco, no como yo que ya vine en avión”.

                 UNA ROSARINA QUE NACIÓ EN OKINAWA


    En el área gastronómica de Japón huele a sopa. Desde la cocina que está en la trastienda, limpiándose las manos en un repasador, llegará a nuestro encuentro  Katsuko Miyashiro de Shinoma, más conocida por todos en la colectividad con el apodo de Kachán (“mamita”, en castellano).

    “Es un poco la mamá de todos nosotros”, había explicado la encargada de la cocina cuando la llamó por su sobrenombre nipón y se sintió obligada a la traducción. 

    Kachán es toda sonrisa, muy a pesar de su historia o acaso precisamente por eso,  por haberse escapado de aquel destino por una pelea de otros que la tuvo como protagonista. Nació hace casi ochenta años en Okinawa, y cuando ella cumplió los 7, su padre debió irse a trabajar a Filipinas por lo que toda la familia se fue con él. Eran los días de la ocupación japonesa de esas islas del pacífico, en el Sureste Asiático. Cuatro años después estallaría la Segunda Guerra mundial. Ella nunca más volvería a ver a su padre, alistado en el ejército, y perdería además a otros  seres queridos entre bombardeos y padecimientos que dejara el paso del conflicto bélico. 

    Todo lo cuenta Kachán en un esforzado español, a pesar que hace 60 años que vive en Rosario. Pero lo hondo de su relato no necesita demasiado de la sintaxis o la pronunciación. Mirar sus ojos y sentir el clamor de su voz, comunican con una certeza que envidiaría el mejor locutor.   

    Revive momentos en que el hambre arrasaba con todo, “viejitos, mamás y nenes, ¿qué culpa tenían de la guerra?”, se pregunta. Y desanda los tiempos en los que salía a robar comida y tuvo que aprender a pescar con lanza. Es un desandar que, asegura, tiene su versión actual en la ciudad. “Ahora cuando veo que anda un chico, hasta un perrito flaquito, voy a casa, hago comida y le llevo”, sostiene. “Hay gente que me dice ‘¿cómo le vas a dar?’. Y yo pasé hambre y sé lo que es eso”, alega.

    De pronto, nos lleva de nuevo a su Okinawa natal para contar su regreso a esa isla a los 14 años de edad. Allí se casaría a los 18.

    “Mi marido primero llegó acá. Después me llamó y vine. Llegué el 10 de marzo de 1953. Tenía 19 años”, recuerda.

    Su suegro vivía en San Luis 1952 y allí puso su tintorería. Después empezarían a llegar los amigos y los parientes.

    “Al principio, pensaba en Japón y lloraba, pensaba en Japón y lloraba… pero después tuve chicos y con tanto trabajo un poco me olvidaba”, dice y la sonrisa se le enciende otra vez. 

    “Me acostumbre a Rosario. Tengo hermanos en Puerto San Martín, en Gaboto”, señala.

    La inmigración es una moneda de dos caras. Tanto por la nostalgia del desarraigo y la dicha de la nueva vida, como por el ir y venir que marca en distintas generaciones de una misma familia. “Mi hijo nació en Rosario y hace 20 años que está en Japón. Ahora vino a visitarme. Y la que se quiere ir es mi nieta: tiene 17 años y es una mezcla –se ríe a carcajadas-: hija de japonesa y alemán. Mitad y mitad”, no para de reírse, Kachán.

    “Acá es lindo país –dice y señala a la marabunta de gente que ya está recorriendo  el predio-, tan lindo país… y algunos se quejan”, plantea, con una sonrisa pintada en el rostro que ahora rebalsa de sabiduría.   


    LA SIGNORA DELLA PIZZA SFOGLIATTA
    Por encima de los anteojos, mientras gira la manivela de la máquina de la pasta, otea el panorama de clientes y curiosos. Es una inconfundible señora abocada a las tareas culinarias de su región, puesta a la vista del público a preparar un plato típico de la región del Lazio.

    “Se le pone huevo, un poco de aceite y sal a la harina. Es la misma masa de los fideos. Lleva pasta de chorizo y después se mete al horno”, traduce alguien a una interesada en la receta.

    Mariángela Ferreri de Tempesta no habla en cocoliche: lo hace directamente en italiano. Está preparando pizza sfogliatta, una especie de arrollado del que, aseguran en el entorno, puede contar algunos ingredientes o los pasos básicos, pero jamás va a revelar cómo lo hace.

    Nació en Corvaro, provincia de Rieti. Y aunque llegó a Rosario a finales de la década del ’50, no dice una palabra en español. Primero se había venido su marido, que ya tenía familia acá, y ella vino después.

    “A mí me piace la Argentina”, confiesa, y vuelve a embadurnarse las manos con la carne de chancho que restregará en la masa.

    José Luis Di Mauro es el presidente del Centro Laziale y se ofrece para aportar datos sobre el asunto: “hay varias camadas de inmigración en la colectividad, pero hay dos que se destacan más: una que vino entre los finales de 1900 y hasta el ’30, y la última masiva es la de la postguerra. Estos inmigrantes, son un poco los referentes por su perfil en la colectividad, septuagenarios que han llegado corridos por la pobreza. Los paisanos –italianos ya radicados acá- los fueron trayendo al resto y ubicando. La mayoría de los que llegaron de región del Lazio eran campesinos y muy pocos de la zona central, de Roma. Lo que hicieron fue trabajar la tierra, otros los frigoríficos, y otros probaron con la construcción. Pero hoy hay de todo: metalúrgicos, taxistas, amas de casa, modistas. De todo. Son personas que se integraron sin mayores inconvenientes”, explica.

    “Mia madre mi ha detto…”, empieza Mariángela su enunciado. Alguien traduce que la mamá le solía decir que si ella se quedaba dos años más en Italia, no hubiera hecho falta que se viniera a Argentina. Pero se vino y aquí vivió más años que en su suelo natal. Al menos como profundo consuelo le queda el haber siguido viviendo en su idioma materno. La distancia es una lengua ilegible para el alma.

    “Tome”, me parece entender que me dice, y me da la mujer dos porciones de lo que ha preparado. “Pruébelo y después me cuenta”, adivino que me desafía con  ternura de abuela,


     INMIGRANTES DE AYER, DE HOY Y DE SIEMPRE

    Colectividades está impregnada de pasado y nostalgia pero nunca escapa del presente y siempre filtra referencias muy actuales de los pagos lejanos y añorados. Este año la nota insoslayable fue la crisis europea que puso a las comunidades inmigrantes locales al otro lado de la ayuda histórica que siempre les han tendido los gobiernos de los pueblos de origen, ahora necesitados de cooperación. Principalmente las colectividades italianas y españolas se destacan posibles nexos entre aquellos que buscan desde el viejo continente nuevos horizontes para trabajar o estudiar. En algunos casos, aunque prefieren todavía no darlo a conocer, se están desarrollando acuerdos con familias, empresas e instituciones de la ciudad para facilitar la llegada de sus paisanos.

    Un ejemplo muy gráfico del reflejo de la coyuntura política mundial es el del espacio de Catalunya en la feria donde una gigantografía muestra las recientes marchas de Barcelona por la independencia. Pero de la puesta al día no escapa tampoco el olimpo de los ídolos: en otro sector se ha reemplazado al sempiterno Joan Manuel Serrat para poner a un rozagante Lionel Messi con la camiseta blaugrana.



     LA VUELTA AL MUNDO EN 80 METROS


    Para entender la magnitud de la mixtura que yace en la sociedad rosarina basta recorrer atentos el parque durante la feria. En el lugar menos pensado las historias de inmigrantes tuercen la mano de lo prefabricado para la ocasión en la pulseada de Colectividades.

    Un hombre vende sus artesanías de madera dentro del stand de Alemania.

    _ Yo nací en Alemania pero vivo acá hace 27 años. La culpa es de las mujeres.

    _ ¿Se vino siguiendo una pollera?

    _ Exacto. Y tengo dos hijas: una de 32 y otra de 30. Ya estoy por ser abuelo.

    Más allá, un hombre revuelve la paella detrás de un mostrador con los colores de Catalunya. Tiene los ojos clarísimos y la piel como la nieve. Es descendiente de croatas pero está casado con una integrante del Centré Catalá y para la celebración siempre ha trabajado en ese puesto.

    “La sangre se fue licuando, ya hay tercera o cuarta generación”, sostienen desde la Sociedad Libanesa.

    Los empleados de casi todos los stands, en su mayoría, son hijos, nietos y hasta 

    bisnietos de inmigrantes. “Es una forma de preservar las costumbres sin olvidar que somos argentinos”, dicen.






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  • 02/07/13--03:22: SAN LORENZO ERA UNA FIESTA

  • Por Joaquín Castellanos



    LA PREHISTORIA DE LOS FESTEJOS

    Hubo un fin de semana completo de actividades alusivas por el Bicentenario del Combate de San Lorenzo (un encuentro de Bandas musicales, desfile junto a la Fanfarria Alto Perú, inauguración del Monumento al Libertador y el acto central en el Campo de la Gloria, entre otras evocaciones) y el  resto del año promete recordar la gesta con un calendario especial de aquí hasta diciembre.
    Hacía un año y medio que la ciudad se venía preparando para el Bicentenario del Combate. Pero más allá de lo protocolar, el entusiasmo y la ansiedad que los festejos le impregnaron al lugar, desde siempre San Lorenzo ha vivido alrededor del Padre de la Patria, trascendiendo la frontera de las fechas. Y eso se nota.

    Ivan Ludueña es el Secretario de Gobierno y de Cultura local. En el marco del Bicentenario, es la cabeza de la coordinación para la realización de los festejos. 
    En su despacho, entre afiches de la conmemoración y  debajo de la figura de San Martín, el funcionario palpitaba la proximidad de la celebración en medio de los preparativos. 
    “Confirmaron contingentes turísticos de todo el paíse incluso de España, Francia y Portugal”, dijo a finales de enero. Asociaciones sanmartinianas de toda la geografía argentina –en algunos casos, con delegaciones de hasta 50 personas- y cabalgatas desde varios puntos del país, principalmente desde localidades que llevan los nombres de quienes participaron del Combate, habían comunicado su intención de estar presentes en este particular aniversario.

    San Lorenzo tiene una población de 50 mil habitantes, y la capacidad hotelera es de unas 450 plazas, que se duplica con la opción de sumar cabañas, complejos y alojamiento en los alrededores. Para el Bicentenario del Combate, con o sin planificación, el desborde está asegurado.


    “Fijate –dijo una empleada en el ingreso del edificio a medio terminar-: adonde te pares, este San Martín siempre te está mirando”.  En San Lorenzo, se sabe, San Martín es una especie de figura sagrada: la merecida inmensidad del prócer se potencia en las proximidades del Convento San Carlos y el Campo de la Gloria. En el umbral de la conmemoración redonda del bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo, se incrementaron los folletos como estampitas con los diversos rostros del  Libertador (según cada retratista), así como se intensificó la promoción de los itinerarios casi rituales detrás de los pasos del General.



    Al lado del busto del Libertador, una máquina mezcladora de cemento tieneocupada la boca con herramientas de albañilería. Al Centro de Información al Turista lo sorprendieron los festejos en plena remodelación-ampliación. Desde hace unos seis años, la ciudad se quiere convencer a sí misma de su potencial turístico basándose en su innegable riqueza histórica, pero no terminará nunca de hacerlo si no cuenta con al menos la estructura básica que demanda esta industria tan incipiente como promisoria.

    “Esto se inició en los ’80 por el intendente (Hugo) Rippa, y al morir en medio del mandato, la obra quedó inconclusa”, señalan en la municipalidad. Esperan que para abril la construcción esté terminada. No se trata sólo del corte de cinta, explican,  sino de una necesidad más profunda: no son pocos los días en los que los alrededores del Campo de la Gloria se llenan de colectivos con escolares. Pese a esa constante, no hubo hasta ahora en ese paseo un lugar que ofrezca baños adecuados o una oficina de información.
    “Por acá pasan 80 mil chicos que vienen al Convento, están dos horas y se van sin saber muy bien adónde estuvieron: no saben si esto es Rosario o qué…”, comentaba Julio Caramuto, del área de Turismo. La idea es que pronto funcione plenamente un centro de atención a los visitantes adonde se les pueda brindar datos de la ciudad y los servicios fundamentales.




    Adriana Gaetano es profesora de Historia y presidenta de la Asociación Cultural Sanmartiniana de San Lorenzo. En la currícula, el Combate es apenas un párrafo en el capítulo de la Revolución de Mayo, pero ella se las ingenia para que sus alumnos hagan un trabajo monográfico anual.
    “Les pido que investiguen, primero en casa, que le pregunten a los vecinos, a los mayores. Así San Martín está todo el año en el aula…”, dice.




    Faltaban diez días para la fecha clave del 3 de febrero.
    Los sordos ruidos tras los muros del Convento, versión 2013, provenían de la descarga de estructuras metálicas que unos empleados apilaban para que pronto se transformaran en gradas para unas 30 mil personas.

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    Por Joaquín Castellanos

    Parafraseando al poeta Belisario Roldán,  tras los festejos del Bicentenario del Combate de San Lorenzo se puede hablar de una doble liberación –una literal y otra simbólica- de la figura de San Martín del metal con el que se hacían antes las estatuas. 


    Monumento al Libertador en el Paseo del Bocentenario, en San Lorenzo
    En primer lugar, a partir del monumento recientemente inaugurado en el Paseo del Bicentenario: un Libertador a escala real, hecho en fibra de vidrio y resina epoxi por el artista plástico Fernando Pugliese.
    “Los conceptos en cuestiones de escultura han cambiado”, explicó Iván Ludueña, secretario de Gobierno y Cultura de San Lorenzo, como si hiciera falta justificar la elección del autor del parque temático “Tierra Santa”, del proyecto “Tierra Patria” y de las estatuas de Olmedo y Portales como Álvarez y Borges, en Buenos Aires, para homenajear a San Martín. “El material es un poco más consistente que el de las estructuras de las embarcaciones. Es liviano, hueco, pero con una resistencia prácticamente antivandálica”, agregó el funcionario.
    El General sobre su corcel con el sable marcando un  punto indefinido en el frente, vino a saldar una antigua deuda insólita: en el mismísimo lugar en el que casi muere por quedar aprisionado por su caballo desplomado, no había hasta ahora una estatua ecuestre de San Martín.


    Roberto Colimodio Galloso y Julio Romay, autores del libro
    Otro hecho auspicioso para la humanización del prócer y de su entorno, es la aparición del libro “Soldados de San Martín en San Lorenzo”, de Roberto Colimodio Galloso y Julio Romay, dos apasionados del Combate que consiguieron hacer una investigación exhaustiva, indagando en la letra chica de la Historia. Biografías, datos nuevos sobre hechos y aspectos descartados por los relatos conocidos sobre el episodio, y un trabajo genealógico que recorre la descendencia de un grupo de jóvenes de la zona, que se ofrecieron  como voluntarios en 1813: Nazario Palacios, Manuel de Isasa, Felisardo Piñero, Pablo y Alfonso Rodrigáñez;  o el Oficial Voluntario Capitán de Artillería Julián Corbera, quien  participó del Combate, y antes también de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, y en varias batallas contra los artiguistasy que, según la investigación, una calle en San Lorenzo le rinde homenaje, aunque su apellido está mal escrito y en los carteles dice Cervera
    “Pareciera que no hay cosas nuevas para decir, además de que todo lo dicho es  controvertido –sostuvo Romay, y prosiguió-: nos ocupamos de intentar echar luz sobre aquellos que estaban en un segundo plano o, como decimos en el libro, los que no están en el bronce de la Historia”.

    Con la rigurosidad que demanda el oficio pero definitivamente otra manera de asomarse a la Historia, desde otro lugar.

    “Había un enfoque realista, con diferencias entre autores, todo tenía un molde. Había trazo grueso, y el resto no había sido abordado nunca. Desde Mitre, todos abrevaron en la misma fuente y hasta cometieron los mismos errores, y a muchos les ha dado por  una pluma demasiado florida, tanto que terminaron por inventar…”, suelta Colimodio Galloso. 


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    Por Joaquín Castellanos


    (Foto: Sebastián Granata)
    Anónimos, espontáneos, impunes y genuinos. Los abucheos al vicepresidente Amado Boudou fueron protagonistas del acto, por encima de los festejos y hasta de los discursos políticos. Porque los propios oradores –primero el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, después el gobernador Antonio Bonfatti y el propio funcionario nacional-, habían hecho la tarea correctamente: al menos desde sus alocuciones y a sus modos particulares, las propuestas de los dirigentes eran homenajear el espíritu  sanmartiniano con el ejemplo, evocando “la unión”, “dejar de lado las diferencias” y “enfrentar juntos al enemigo común”. Por una vez, los dirigentes políticos habían guardado las formas en público, pero el público no delante de ellos.

    La crónica de los hechos guarda las respuestas. Y otro poco se esconde en las interpretaciones ciudadanas y las prácticas del poder. 
    ¿Santafesinos hartos de los ataques del kirchnerismo a las autoridades elegidas en la provincia –“narcoescándalo” y estigmatización  mediante? ¿Un indicio del agotamiento del modelo ? Tal vez. ¿Sentimientos “caceroleros”  que vieron en Boudou un blanco fácil? ¿El “Clarín” estridente sonó? Puede ser.

    Acaso todo junto, o tal vez nada de eso. En San Lorenzo,además, también pesaron otras razones.  

    PRELUDIO DE SAN LORENZO

    Intendente de San Lorenzo Leonardo Raimundo
    El intendente Raimundo es un radical que integra el Frente Progresista, reelegido con el 70% de los votos. No es novedad que no esté primero en la lista de los distritos favorecidos por la Nación, como tampoco lo es que San Lorenzo sea un lugar hostil para el kirchnerismo, sobre todo después de los cortocircuitos que anuncian la proximidad de un año electoral.

    Nada justifica los improperios ni la silbatina ni los abucheos, pero si es necesario buscar otra razón que explique todo eso, hay un asunto medular que tiene que ver con un resentimiento local que se disimuló hasta donde se pudo, hasta que estalló. 

    A la falta de apoyo económico para la conmemoración histórica, se sumó lo que tanto funcionarios como vecinos señalan como una calculada falta de voluntad, que mezcla inútilmente las cosas. “Suponete que eso haga a la política –supo plantear  un dirigente radical-, pero el 3 de Febrero es una cuestión nacional”, se lamentó.


    (Foto: Prensa San Lorenzo)
    “Esperábamos que se decretara feriado trasladable al lunes, para tener una gran fiesta el domingo por la noche. El proyecto fue aprobado en Diputados pero no pasó por el Senado, y la idea naufragó –explicaron en San Lorenzo- ; la bronca es que para el jueves anterior a los festejos,se instauró el feriado por única vez por los 200 años de la Asamblea Constitucional del año ‘13. Y -apuntaron indignados-, se reconocieron otras batallas como las de Salta y de Tucumán, y no se le dio al Combate la dimensión de lo que significa para nuestra Historia”.

    La procesión iba por dentro. Pero en algún momento explotó.


    BANDERA Y BANDERÍA

    El estadio montado sobre el Campo de la Gloria se había ido llenando varias horas antes del comienzo del acto central. Para entretener a la gente, bastó inicialmente el ensayo general de los distintos cuerpos castrenses en el verde suelo como si se tratase del liviano entretenimiento previo del partido preliminar de reserva en el fútbol.


    (Foto: www.lacampora.org)
    Pero hubo un momento en el que las banderas en las tribunas ya no fueron las celestes y blancas con el sol mudo: sobre las seis de la tarde, La Cámpora enarboló sus consignas partidarias que flamearon en cantidad, aunque esta vez en un lugar no muy privilegiado, a diferencia de lo ocurrido en el Monumento Nacional a la Bandera hace poco más de un año. Les tocó un rincón lejano, recortados de la bruma del río en una de las esquinas más cerca de la barranca que del palco de los oradores.

    La reacción en principio fue moderada pero de a poco, como ocurre en la cancha, inundó los dos costados ya bastante colmados de multitud.

    “¡Quese vayan!¡Que se vayan!”, fue un cántico que se fue desparramando por el Campo de la Gloria en alusión a los recién llegados. 

    Acaso los amagues de destrezas que ensayaron los Granaderos no buscaban ser un despiste para devolver los ánimos al letargo de los momentos previos al acto central. Pero por un rato lo fueron.


    SORDO RUIDO

    Al vicepresidente lo empezaron a increpar e insultar en el camino al palco oficial, y las primeras ofensas no surgieron de señores bocasucias o jóvenes insolemnes: fueron señoras que dejaron de tomar mate para levantar un dedo acusador y putear cual barrabrava profundamente entrenado en las artes del maltrato verbal.


    (Foto: Sebastián Granata)
    Los oradores apuntaron hacia un mismo punto: “San Martín dijo que debemos luchar contra todo lo que nos divide y cuidar todo lo que nos une”, expresó Raimundo; “la potencia que nos daría tener una estrategia compartida”, deseó Bonfatti; y “esa batalla (…) que nos permite aquí ver que tenemos un pasado en común y que también estamos construyendo todos juntos un destino común”, señaló Boudou.

    Pero nadie reparó en nada de eso. El aplausómetro premió al anfitrión radical, aprobó ciertos tramos de lo dicho por el socialista, y no dejó de insultar, chiflar o abuchear  mientras hablaba el vicepresidente o cada vez que lo mencionaban.

    Naufragó el intento del intendente sanlorencino por frenar los abucheos: “Estamos conmemorando el bicentenario del Combate. Demostremos a todo el país que acá somos sanmartinianos y patriotas”. Un tibio aplauso bajó de las tribunas, pero el fragor de los murmullos desaprobatorios volvió apenas Boudou dio las gracias por el gesto.  Sólo restaba que, aturdido por la adversidad, el segundo de Cristina abandonara el discurso de las comuniones nacionales para increpar al público que lo abucheaba con una frase desafortunada: “Es una actitud fascista no escuchar lo que otros tienen para decir”, aludiendo a Alfonsín de un modo confuso, lo que generó más indignación que remedo. 

    Cuando ya no quedaban oradores, sin un mero punto y aparte, la locutora anunció que detrás del palco había un chiquito perdido. Alguien bromeó que se trataba del mentado ser nacional. Bien podría haber estado hablando en serio.  


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  • 02/22/13--07:18: LA LIBERTAD NACIENTE
  • Por Joaquín Castellanos


    Sólo por haber sido el bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo, el Combate de San Lorenzo es hito fundacional en nuestra Historia: esos soldados de San Martín fueron el núcleo de los que más tarde cruzarían los Andes y llevarían a cabo la expedición para librar a Chile y Perú. Los hombres que lucharon en proximidades del Convento San Carlos constituyeron la primera fuerza patriota entrenada, disciplinada, bien armada y uniformada, según coinciden la mayoría de los historiadores.

    Pero nunca faltaron los cuestionamientos: se dijo que fue apenas una escaramuza, que duró entre quince y veinte minutos, que involucró a unos pocos hombres de cada lado.

    Y ni hablar de los detalles laterales más controversiales que tienen que ver con datos biográficos de Cabral (¿sargento o soldado?), Baigorria y Bermúdez, entre otros protagonistas de este episodio.



    "No es quizás la batalla más importante que se haya hecho en el territorio argentino actual;  no tiene una capacidad definitoria como la batalla de Tucumán o la de Salta, pero sí una gran carga simbólica, porque le puso freno a las invasiones de las armadas realistas que desde Montevideo generaban presión sobre las costas del Plata y remontaban el Paraná para subir hacia el interior del país. Y es una  gran hazaña en términos de estrategia militar”.
    Así lo explica Hernán Brienza, historiador, politólogo y periodista, autor de El loco Dorrego. El último revolucionario, y de las biografías de Alfredo Palacios, John William Cooke, Emiliano Zapata y Farabundo Martí, entre otros.

    - ¿Por qué llega San Martín a San Lorenzo?

    - Yo creo que hay allí también hay una explicación política más allá de frenar a los realistas. La ida de Buenos Aires del entonces coronel San Martín tiene más que ver con sus enfrentamientos dentro de la Logia Lautaro con Carlos María de Alvear, - quien el 31 de enero inaugura las sesiones del año ’13-, más que con la necesidad estratégica real de que los granaderos estuvieran en San Lorenzo en aquel momento.



    Hernán Brienza
    - San Martín pasó una década liberando a América y más de veinte años sirviendo a España.¿Eso era observado con recelo por el poder central, o no tiene alguna implicancia en que lo enviaran a pelear a San Lorenzo?

    - No. Hay una confusión, un error que se repite en el tiempo y tiene que ver con lo que nos fueron inculcando en la escuela. Uno está acostumbrado a utilizar términos como españoles y americanos, cuando en realidad la discusión es entre realistas y republicanos. Que haya sido alférez o soldado del ejército español no significa que el combate de San Lorenzo, el cruce de los Andes y la liberación de Chile y Perú, puedan verse ninguneadas. Porque además en España, San Martín está muy relacionado con lo que es el ejército liberal español, que debe combatir a Napoleón,pero lo hace con contradicciones. Incluso a veces con una serie de contactos muy interesantes con el liberalismo francés. Pasa con toda la experiencia que va entre 1908 y 1913, cuando la restauración final del Fernando VII está llena de contradicciones entre el liberalismo español y el absolutismo. Porque el regreso del rey pareció en un principio que venía de la mano de una monarquía constitucional; sin embargo su regreso es absolutista, y quizás por eso muchos de los liberales que estaban combatiendo a las órdenes de España, vienen a estas costas a continuar la revolución política que intentaban protagonizar en Europa. Además, que en aquel momento no había argentinidad, había americanismo. San Martín, Bolívar, Belgrano o Dorrego, hablan de América, se sienten republicanos americanos, y creo que ese es el verdadero trasfondo político que hay detrás de esto.




    - Se habla de sacar del bronce o del mármol a los próceres, pero también existe un proceso que tira del pedestal principalmente a los historiadores.

    - Hay como dos operaciones políticas o culturales que desarticular. Primero,convertir a un hombre común en prócer y ponerlo en el mármol, conlleva quitarle complejidad a la persona. Con esa maniobra también puede despolitizarlo: quitarle las contradicciones, quitarle las ideas. Y con San Martín ocurre que es un prócer militar pero no es, según nos mostraron, un prócer político. Y la segunda operación cultural tiene que ver con convertir en mármol o en bronce a la propia Historia y, con ella, la voz del historiador, impidiendo que cualquier “ñato”  pueda a dedicarse a revisar el pasado colectivo… O sea que la Historia quede para los hombres de mármol en las academias es tan negativo como convertir en bronce a los hombres que hicieron la Historia.


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  • 02/22/13--07:25: SAN MARTÍN RECARGADO

  • Por Joaquín Castellanos

    Anochece en el Campo de la Gloria (Foto: Jorge Pautasso)
     Doscientos años después del comienzo de la gesta emancipadora de San Martín en San Lorenzo, la consecuente instantánea del actual  panorama político nacional (los abucheos, sí, pero también todo lo que hay alrededor de esas expresiones) pinta de cuerpo entero lo que somos y lo que siguen siendo nuestros caricaturescos desencuentros: no son las diferencias sino las actitudes, indignas choznas de aquellas que terminaron por retirar a San Martín.
    Dos siglos después, y viendo la evolución mundial de la política como mero acto de competencia por el poder, si aquel soldado noble viviera, derrotado estaría pensando en autoexiliarse en la Luna.


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  • 03/05/13--22:35: LÁGRIMA AMÉRICA
  • (imagen popularizada en las redes sociales tras la muerte de  Hugo Chávez) 




    Un gran charco de pena
    eclipsa los soles
    y la patria grande se llena
    de rojos caracoles
    de dolor y de arena,
    de un bravo y hondo mar;
    mas pasa (cuando menos
    te lo esperas)
    que el vacío estaba lleno
    de una feroz primavera
    de esperanza y de algo bueno
    difícil de apagar;
    bebe del aire esta consigna
    que sopla en la hondura:
    la herencia digna
    de los que perduran
    es que nunca, nunca muera
    -deber, deseo y bandera-
    el eterno batallar.-





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  • 03/13/13--08:40: VENDEHUMOS



  • “La naturalización de las cosas es un fenómeno que me desvela”, confesó el que habitualmente tomaba confesiones. Con el mate en la mano, frente a la televisión prendida que transmitía las afueras del Cónclave del Vaticano, emanaba un aire de abstracción filosofal rematado con los ojos perdidos en los dibujos de una yerbera de lata.

    Todo lo que estaba a su alrededor, al alcance de su vista (y de sus manos) era fruto de la caridad y estaba lejos de la suntuosidad obscena que mostraba la pantalla.

    El otro estiró la mano, como un elocuente reclamo de cebador que reprende con el gesto y la mirada al que monopoliza la infusión criolla.

    “Sabés cuantas veces se me cruza largar todo al carajo…”, siguió sincerándose el jefe de la parroquia, devolviendo el mate.
    El otro apenas se sonrió. Levantó la pava del fuego, preparó otro cimarrón y se lo tomó.
    “Y, al mismo tiempo, ¿sabés?, siento que ya largué todo hace años, desde que pusieron las cosas en su lugar y nos mandaron a vivir acá”, dijo el cura, mientras  el sonoro aire que entró por la bombilla, en el fondo del jarrito, subrayó sus palabras.  

    Quedaba una factura en el plato. El otro, sin sacar la vista de la televisión, cebó otro mate y lo ofreció con naturalidad. Después levantó el último bocado y lo partió en dos: mitad para cada uno.

    El cura recibió su parte y se rió con ganas. Pero las ganas eran de llorar.

    Una corresponsal, de espaldas a la multitud de la Plaza de San Pedro, advertía que de un momento a otro la chimenea develaría si la decisión estaba o no tomada.

    “Y hay gente que lo está mirando como si esto fuera un partido de fútbol… Peor nosotros, ¿no?. Peor nosotros…”, soltó el religioso.

    Estaba por descerrajarse una puteada y se detuvo en el rostro que tenía enfrente.

    “Tenes azúcar en la barba, de este lado”, informó piadoso, el cura, e hizo de espejo indicándole adónde estaban los granos dulces e invasores.

    Mientras el otro se sacudía la pelambre de la quijada con una mano, el humo televisado empezó a brotar hacia el cielo, liviano y denso a la vez. Ni blanco ni negro. 
    Gris como el del brasero que calentaba la pava.

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  • 03/18/13--04:39: NOMBRES PROPIOS
  • Se dice que somos lo que comemos, que tenemos los gobiernos que nos merecemos y que no hay prienda que no se parezca a su dueño. Pero a veces las relaciones van más allá de nuestras acciones y el destino resulta estar atado indisolublemente a nuestra gracia.
    En el impass laboral recomendado por los sanitaristas anque cuestionado por los empleadores, tuvo lugar este minucioso trabajo de investigación virtual que a través de una de las principales redes sociales desnuda cuán ligada puede estar la estirpe con el quehacer de las personas.

    GOLPE DE ESTRADO Había otros ejemplos. Este es el menos agresivo (para resguardar a las pobres  aves carroñeras que pudieran verse afectadas en la comparación con los letrados)
    ¿La muchacha estaba predestinada o lo hizo a propósito?

     



    CAPRICHOSA CONSTRUCCIÓN Está hecho a medida de su ocupación, como si un maestro mayor de obras lo hubiera planeado hilada por hilada. Con ustedes, apenas un ejemplo de otra asociación lícita en el terreno de la cuchara, el balde y su DNI .



    SERÁS LO QUE DEBAS SER Y un cúmulo de casos (aunque son apenas una pequeña muestra) que a continuación testifican que no se trata de algo aislado. Es un complot mundial que se burla de nuestra capacidad de entendimiento.


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    Los gestos, ni siquiera los buenos gestos, por sí solos no cambian nada. Pero que los gestos se hagan desde adentro del dorado y desacreditado palacio del Vaticano, es más que algo. Aún en el seno del catolicismo, siglos de desvirtuar el cristianismo en función de la empresa de creer según los representantes del Cielo en la Tierra, se ha cuestionado más que nunca el papel de la institución clerical.
    La irrupción de un perfil diferente en el nuevo Papa es, sin dudas, la posibilidad de sacudir –al menos empezar a desempolvar- milenios de distancia entre el mártir, sus presuntos herederos y los fieles. O constituye al menos un marco inédito que genera expectativas.   



    Pero la novedad va más allá de los propios católicos. Ni siquiera hay que aclarar que no hace falta ser creyente en el credo en cuestión ni en ningún otro, ni elucubrar acerca del peso específico que tiene en la actualidad esta Iglesia –con tanto desencanto que favoreció a otras en la mudanza de la Fe.

    La onda expansiva de la noticia nos alcanza a todos: por una antigua participación en los cimientos culturales occidentales y sus incursiones al resto del globo; y por una consecuente atención de todos –aún los más reacios al asunto, aportando su marcado desinterés como pieza fundamental en el debate-, con o sin Dios de por medio, en una especie de radiografía obligatoria a ese factor de poder en decadencia pero factor al fin.

    Las reacciones a la aparición en la escena mundial del nuevo Papa, como ante todo lo que trasciende, han sido y serán dispares. A cada adhesión le sigue un repudio; por cada comentario esperanzador hay un oscuro y escéptico desengaño que advierte sobre una nueva maniobra enmascarada que terminará en más de lo mismo.   



    Creo que es tiempo de tibios. Pero tibios a los que no los pierda ni la ingenuidad ni el eterno desencanto. Es momento, más que nunca, de ser moderados.  
    Atentos espectadores con el índice en el gatillo de la crítica, por supuesto, pero también con la predisposición de aguardar el transcurso de los hechos para referirse al respecto.


    Los extremos –la facilidad del más feroz pesimismo y la candidez de la pobre ceguera “buena”- no consiguen en este contexto más que embarrar la cancha con rencores irreversibles y omisiones disimuladas que derivan en el elogio sin freno.


    Y hay mucho pero mucho ya dicho. Y mucho más por decir. Siempre hubo "de todo en la viña del Señor". Pero hoy hay (a la vista de todos) muchísimo más. Puede sonar sacrílego pero no hay profeta de hoy que no tenga conexión a Internet. Como entonces no había profeta sin piedra a la que subirse para declamar ante la masa sus revelaciones. Ahora hasta el Papa tiene twitter.


    Lo nuevo tiene que ver con una amplitud nunca antes vista, un horizonte en el que nadie queda afuera aunque sigan existiendo posicionamientos privilegiados que marcan por ahora la diferencia. El hecho es que todos pueden opinar.

    La insinuada prehistoria fue la imprenta y su proliferación hasta volverse producto accesible al menos para más de una tendencia a publicar sus inquietudes particulares sobre tal o cual tema. Y si más de uno era un avance, la multiplicidad desbordada –ingobernable!- implica un salto mayor.


    La Prensa hoy, gracias a Internet, supone un universo inabarcable en el que cunden y caben todas pero todas las voces pensadas e impensadas. Habría que celebrar ese síntoma desmadrado, siempre y cuando prevalezca sobre cualquier mirada a esa chorrera de información la posibilidad de analizar críticamente todo lo que se dice. Esa gimnasia cotidiana no sólo nos puede salvar del ridículo en la mesa del bar, el ascensor, el aula o la oficina. Es el cauto modo al que nos debemos enfrentar a la hechura virtual de cada día de la Historia.


    La red de redes deja convivir a los diarios de papel pero no sin reemplazarlos, ocupando su lugar en ese eslabón de contar mejor que nada y de infinitas maneras el mundo actual.

    Internet es la democrática e inconmensurable Biblia sin editar de hoy.      




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  • 05/07/13--04:27: DONDE SUENA UNA ACORDIONA
  • Como para que Rosario no olvide su pertenencia litoraleña, el chamamé late aquí constante, popular y genuino: aunque lejos del primer plano. Más de ochenta programas de radio y ocho bailantas simultáneas por fin de semana, albergan a los descendientes del esplendor que en los ’60 promovieron Tarragó Ros y Ramón Merlo, y a su manera honran una historia en la que la ciudad fue protagonista clave del desarrollo de la cultura regional
    Escribe: Joaquín Castellanos

    Fotos: Sebastián Granata / La Revista del Chamamé


    Al trance se entra a la par: él con los ojos apretados bajo el ala del sombrero; ella con la mirada fija por encima del hombro del compañero. Ahora ya son un mismo pulso en los dedos entrelazados de esa doble mano que marca el mecer ritual.

    No es en Corrientes, ni en Formosa. Tampoco en el norte entrerriano.

    Es a diez o quince  minutos del Monumento a la Bandera adonde el chamamé queda en segundo plano pero latente, casi subterráneo y soslayado, para explotar en un duelo de acordeones y guitarras.   

    Invisibles al pulso habitual de la ciudad, en el Gran Rosario conviven hasta ocho bailantas por fin de semana, en algunos casos con una concurrencia que supera las mil personas por local, los domingos al mediodía; así como invaden las radios más de 80 programas sobre el género en la zona, e incluso una emisora de FM exclusivamente dedicada a la música litoraleña.

    Son los herederos de la condición migrante provinciana, los sobrevivientes y descendientes de un legado histórico que desde hace más de medio siglo pelearon por convertir a este rincón porteño en una orilla más del Paraná.  




    El Señor del Litoral y el Rey del Chamamé eran amigos. Ambos se radicaron en Rosario y tomaron la posta del Taita don Emilio Chamorro, al ponerle el pecho a la cultura litoraleña en la ciudad en los ‘60: El Rancho de  Ramón Merlo, en Rodríguez casi Arijón, y el salón Umberto Primo de la Sociedad Italiana De Socorros Mutuos, en Jujuy al 2500, de Tarragó Ros, marcaron la impronta local imborrable en la década del ’60.
    Hoy, como obstinados herederos de aquel tiempo, persisten un puñado de lugares que emulan aquella gloria: en Rosario, La Carpa del Encuentro (Rouillón al 2800); el club Peñarol (Ovidio Lagos y Circunvalación); el Centro Tradicionalista Gauchito Gil (Rivarola y Circunvalación) y Gauchito Gil Sur (Ayacucho y Circunvalación); en Granadero Baigorria, La Tacuara; en Villa Gobernador Gálvez, el club Olímpico y el Centro Chamamecero; y en Capitán Bermúdez, El Rancho del Gauchito Gil, entre otros.

    El itinerario lo da a conocer La Revista del Chamamé, una publicación mensual autogestionada que se vende en algunos kioskos de diarios y en las propias bailantas, dedicada desde hace tres años a documentar y difundir  el circuito regional de pistas bailables y programas de radio alusivos.  



    Cuando se prende el cartel luminoso que dice “en el aire”, ella se transforma. No es  que imposte nada, sino que le brota desde lo más hondo de su correntinidad una ráfaga de pasión que la acompaña desde hace mucho.

    Su padre tenía arrozales y a ella le gustaba ir al campo a acompañarlo. Sobre todo para la época de la cosecha, porque venían los peones golondrinas desde los lugares más lejanos, y con ellos traían sus costumbres y su música. Después de las tareas del día, recuerda, se hacía la olla del guiso carrero, y mientras todo se preparaba, iban apareciendo los acordeones y las guitarras. Esa era la hora mágica: la luz de la luna y la del fogón, nada más, y la música que parecía que salía del fondo de la tierra.

    “Llegaba al alma. Yo creo que ahí empezó todo”, dice Nélida Argentina Zenón.



    Nacida en Gobernador Martínez, Corrientes, hace 47 años que vive en Rosario y 35 que conduce diariamente Cancionero Guaraní, por Radio Nacional (AM 1300 - FM 104.5), de 16 a 17 hs. Ganadora del Cosquín ‘64, un par de años después llegó a la ciudad en la que se desdoblaría para convertirse en una de las referentes más vigentes del chamamé: a su carrera de cantante sumó la faceta de comunicadora y se quedó acá para siempre.

    “Esta es una cultura de tradición que se ha transmitido de abuelos a nietos. Por eso el circuito actual es tan fuerte como al principio. Con la diferencia de que las nuevas generaciones, los músicos de este tiempo, le aportan su cultura nueva: hoy hay más escuelas de música, los chicos son todos estudiosos. Los profesorados suman sin dudas a la esencia chamamecera, le dan un valor agregado, le aportan técnica, los chicos estudian mucho más, pero además de pasar con los ejecutantes también pasa con los oyentes de radio: hay un enriquecimiento que no puede ser otra cosa más que bienvenido”, opina. Y nadie duda de su palabra autorizada, pero hay otros protagonistas que lo pueden contar en primera persona.



    Mauri tiene 18 años y Simón, 24. Se apellidan Merlo y, como no podía ser de otra manera, son chamameceros. Uno es el hijo menor de Ramón Merlo, hermano de Monchito; el otro es nieto del fundador del clan e hijo del inaugurador de la segunda generación de acordeonistas en la familia. Tío y sobrino están ahora en Santiago del Estero de gira.

    “Actúan esta noche, con una particularidad: tocan en boliches bailables, confiterías para chicos. Es algo poco visto en nuestro ámbito”, cuenta orgulloso Monchito Merlo.

    “La verdad es que hay mucha juventud, muchos chicos que vienen atrás. Hay nenes de 8 o 9 años que tocan el acordeón muy bien y es a ellos a los que hay que apoyar”, agrega.

    Y alguien parece haber tomado nota del asunto. 







    En el mismo día, la zona oeste de la ciudad acapara la atención de muchos chamameceros. Unos mil ya tienen decidido adónde van a ir: la Carpa del Encuentro, en Provincias Unidas “al fondo”, ofrece un Festival de Chicos: sobre el escenario, los artistas serán 23 pibes, menores de 15 años, a los que acompañarán dos guitarreros.

    Será lleno total.

    La primicia llega por mensaje de texto. El dueño del dato recorre las emisoras, las bailantas, vuelca novedades y curiosidades en la pantalla, las acomoda, imprime y saca fotocopias para alcanzar los 500 ejemplares por número. No se olvida de sus colaboradores pero a la vez queda claro que casi todo pasa por sus manos: en una mesa de bar, abrocha las hojas recién llegadas y las entrega personalmente.

                “Un día, una mujer que tenía un programa de música litoraleña me contrató para que generara y administrase un sitio web sobre chamamé”, rememora Roberto Agonil, periodista y productor de shows que venía del rock. Confiesa que se encontró con una oportunidad singular: la casualidad se volvió terreno fértil, y se preguntó qué pasaría si se ocupaba de reunir todo ese cúmulo de expresiones sueltas alrededor de ese género que hasta el momento le era ajeno. Así nació primero www.chamame.galeon.com.ar, y después, La Revista del Chamamé, que acaba de cumplir tres años. 

                “Hay unos ochenta programas de radio sólo considerando emisoras de Rosario, Villa Gobernador Gálvez y Granadero Baigorria. Además, hay una emisora exclusiva sobre chamamé: FM Al Límite (87.5), de Matienzo y Lejarza”, señala.

     

    Del amplio menú en la oferta radial hay otra opción obligada por su tenor pero que además ilustra con detalles llamativos la era del acordeón online.
    “Tengo muchos oyentes en Europa. Tengo amigos y familia en Francia, que se juntan a escuchar. Y cuando voy a Francia, generalmente por tres meses, hago el programa desde allá por internet y línea telefónica”, comenta Reina Bermúdez, poetisa santafesina que vino a estudiar medicina y convirtió en letrista de las canciones de Ramón Merlo durante 28 años; todos los grandes intérpretes del género grabaron sus temas. Ella se  autodefine como “difusora cultural” con presencia en la radio desde hace 47 años, tanto en LT8, LT2, LT3 y Radio Nacional, además de haber animado bailantas y festivales desde la década del ‘60 en adelante.   

                Actualmente conduce Despertar Chamamecero por FM Cordial (97.3) a diario, a partir de las 6 de la mañana. “Me escuchan mucho los que viajan, los pescadores y los albañiles…”, sostiene, y agrega que los isleños y los hombres de río “antes me escribían muchas cartas, y yo le mandaba por la radio mensajes de los familiares. Cuando salió el celular fue increíble. Me escuchan y se comunican de todas las islas de la provincia de Entre Ríos”. Y que los obreros de la construcción tienen una sección dedicada a ellos. “La mayoría son provincianos”, explica, y una sombra de pena le cruza el rostro. “Todos los días, una historia”, remata.



    “Allá cerquita del cielo / entre los andamios / sentado como un tropero / le está mateando / En la radio sin querer / como un duende el acordeón / estirando un chamamé / le estremece el corazón”
    (El Cielo Del Albañil, de Teresa Parodi -
    Antonio Tarragó Ros)


    Hilario Contreras llegó de Chaco cuando tenía 18 años. Era domingo, y el lunes ya estaba cargando baldes y bolsas de cemento. “Antes guitarreaba en las escuelas, en los cumpleaños… pero cuando vine acá dejé todo”,  se acuerda. Y dice que luego supo trabajar en una fábrica de helados y después en un frigorífico. Vive en Villa Gobernador Gálvez. “Ahora soy plomero gasista”, acota. Y termina por contar que de lo que nunca se olvidó, aunque no lo haya desarrollado, es de ser chamamecero.

    Mario Torres se llama en realidad Mario Schivert. También vino de Chaco, pero nunca dejó de tocar el acordeón. En su casa eran todos músicos, y él no pudo escapar de ese destino. Además, aprendió de su abuelo el oficio de afinar el instrumento y hoy se gana la vida con eso, en su casa barrio Belgrano.
    “A veces me mezclo con amigos que tocan”, dice humildemente.

    Lo cierto es que Hilario conoce a Mario por haberlo escuchado en la radio en su provincia. De cuando el primero era tan chico que la madre no lo dejaba ir a bailar adonde el otro tocaba. Pero estando en Rosario, una vez le pareció reconocer ese acordeón, y cuando Mario bajó del escenario le dijo “¿vos no sos Schivert?”

    Y sí, era. Y no les quedó otra que “enchamigarse”, aunque fuera tan lejos del pago y tanto tiempo después.

    Entonces, un domingo, Hilario Contreras organiza un Festival de Chicos menores de 15 años en la Carpa del Encuentro, y lo nombra a su coprovinciano Mario Torres como padrino de la fiesta.

                Una historia entre miles. Los protagonistas cambian, lo que se mantiene es la esencia.


    Cuentan que la familia consagrada fraternizó con un equipo de cineastas alemanes que llegaron a Rosario para filmar una película sobre su música y cultura litoraleña. Antes de comer, le tocaron un chamamé. Y las visitas rompieron en llanto.

    – ¿Por qué lloran? –le preguntaron a la traductora.

    – Es el sonido del acordeón –contestó la intérprete–; les causa algo muy fuerte en sus almas…

    “Hay un porqué lógico en el origen de los acordeones y un reencuentro con quienes por distintas razones, la guerra por ejemplo, fueron despojados de ese instrumento y de una parte de su cultura –explica Monchito Merlo–; y seguramente todo eso está un poco desparramado por acá”.  

    No hay dudas de su universalidad: el chamamé es evocativo, le canta al paisaje, a la madre, a la mujer. Y por si fuera poco, su árbol genealógico tiene ramas varias que acompañan largamente la teoría: Mario del Tránsito Cocomarola era hijo de italianos; Isaco Abitbol, de árabes; Ernesto Montiel, nieto de brasileros; Damasio Esquivel, descendiente de paraguayos; Tarragó Ros, de catalanes; y Reina Bermúdez, proveniente de una familia escocesa, por nombrar algunos.

    “El chamamé es la esencia pura del hombre en la tierra, en el lugar en que esté. Ya sea aquí o en Shangai. Es la cultura representativa, es pertenencia –señala el acordeonista rosarino, y concluye–: es el respeto por la esencia hecho música”. 



    ROSARIO, MAYO, 2013








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